
La pintura de Blanca Esther Letelier Verdugo, nacida en Talca, es representativa de su propia subjetividad; ella es el pequeño tema.
Tomando en cuenta el contexto político económico de Chile a principios del siglo XX estas pinturas representan el inverso de logros y progresos de las grandes ciudades modernas y las aspiraciones vanguardistas; la desigualdad y la pobreza. El conjunto de pinturas son la traducción de la miseria campesina desde el sesgo subalterno cuya cultura popular se ve en el espacio desplegado de la población periférica.
Esta pintura es el anverso de aquella modernidad inclusiva que debe lidiar con los restos del inquilinaje heredero del colonialismo y al mismo tiempo es la herencia vernacular de los imaginarios románticos que entronaron al paisaje como baluarte de lo nacional.
En “Así se Vive” (1919) de Francisco Hederra Concha, prestigioso cronista y médico talquino, (1863-1944) encontramos profusas e intimistas descripciones, realistas, de los ranchos donde habitaban los temporeros a merced de una viña patronal.
“Entró el Dr. i el conocido cuadro de miseria i mugre se presentó otra vez ante sus ojos. Era una sola pieza, desmantelada i sucia. En el estremo izquierdo había dos camas harapientas i entre ellas una mesa cubierta con jénero blanco i sobre ellas algunas imágenes de santos encuadrados en marcos negros, que se apoyaban al muro. Una vela humeante i llorona, ardía ante ellos.”
“I miraba el rancho de delgados muros, de techo pajizo abierto a la inclemencia, de piso desigual, blando de polvo i los lechos donde reposaban la gran fatiga del día trabajado,…”
Esta obra en pequeño formato compuesta de 158 pinturas al óleo sobre papel adherido tarjetas son de origen gráfico y marginal. Aun cuando se trata de pinturas, responden al diagrama de una postal o la antigua estampa colonial que solían reproducir los indígenas en los talleres conventuales. Estas pinturas responden al contexto vernacular de Blanca en contacto con la vida campesina y acorde a su situación económica, esta serie está marcada por la influencia y padecimiento directo de la atmósfera de pobreza y tristeza de su entorno. Se trata de pequeñas casas destinadas a saludos navideños; el habitáculo del obrero campesino o el pesebre como tema religioso de la natividad occidental.
El ascetismo, la melancolía, la humildad del trabajo sencillo y el apremio doméstico se traducen en estas pequeñas casas; apuntes hechos en serie y pintados de memoria carentes de precisión y dibujo, evocaciones sin técnica, pero llenas de pequeñas expresividades que hacen diferencia entre cada una a pesar de la máquina manual, serial y económica de su producción.
El hallazgo y posterior conservación familiar se debe a la sensibilidad de un comerciante porteño dueño de un emporio que vio en su talento profundas necesidades de subsistencia. Adquirió el lote de tarjetas y luego la empleó en el “Emporio Echaurren” acabando con su interés por “la pintura por necesidad”. Luego de la muerte de Blanca Esther, éste devolvió las tarjetas a la familia en una caja negra donde perduraron por años alejadas de la luz y envejecidas por la humedad.
Es un enigma cómo una mujer de campo allegada en Valparaíso tuvo acceso al óleo, pero existe una hipótesis que posicionó el trabajo de blanca dentro un campo de resguardo y análisis por su presunto valor para la historia de la pintura chilena. Pudo ser en un taller de pintura para obreros campesinos realizado por algunos miembros, pintores de la generación del 13, de la colonia tolstoyana, aun cuando este relato no calza con los presuntos lugares transitados por esta mujer: Talca y Valparaíso.
Hoy forman parte del repositorio de pintura popular chilena y son objetos de investigación por parte de historiadores del arte de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso quienes además presentaron el proyecto al Museo de Bellas Artes de Talca, pertinencias al origen de esta emigrante campesina, para poner en valor esta obra. Como parte de la extensión y vinculación de la Universidad con el museo, casa patronal donde O’Higgins redactó el acta de independencia, se acordó entre las instituciones, la digitalización cuidadosa del archivo y la edición de una monografía sobre el caso de esta pintora rural invisibilizada, hasta hoy, por el contexto histórico y social de la meritocrática ciudad de Talca criticada por de Hederra en crónicas y novelas. El proyecto monográfico se presentó al fondo del libro y la lectura en el año 2012 con el objetivo de restaurar, conservar y estudiar el imaginario popular femenino y fue seleccionado bajo el marco del rescate del patrimonio intangible. Los ejemplares serán destinados a instituciones de enseñanza artística como material de consulta dentro de los descriptores naif y popular del arte nacional.
Se dividió el total de pinturas en pequeños conjuntos para ser expuestos en diversas instituciones culturales de la región del Maule. Luego se devolverá el total a la institución gestora del proyecto; la Facultad de Ciencias de la Educación de Playa Ancha.
